Hugo Chávez, partidario extremo del terrorismo de las FARC


Por Eduardo Mackenzie*

La política adoptada hace meses por el presidente Álvaro Uribe respecto del presidente Hugo Chávez, basada en una combinación sutil de flexibilidad y firmeza, finalmente está dando resultados. La grotesca exigencia de Chávez respecto de las FARC, las cuales, según él, no deberían ser consideradas como organizaciones terroristas, desataron un movimiento espontáneo de rechazo y de unidad nacional como no se había visto en los últimos 40 años en Colombia. Todo el mundo cerró filas en torno al gobierno y hasta el muy chavista Polo Democrático se vio obligado a deslindarse de la posición del mandatario venezolano. Los gobiernos de Argentina, Guatemala y España rechazaron también la ocurrencia de Chávez.

Hugo Chávez está introduciendo en el continente peligrosas prácticas de ingerencia política-militar propias del Medio Oriente [1]. Venezuela se ha convertido en refugio de las FARC. Desde allí el terrorismo lanza operaciones para matar y secuestrar colombianos. Esa actitud irresponsable del hombre fuerte de Caracas paradójicamente le está ayudando a Colombia a abrir los ojos.  Contra la voluntad de Chávez, las mayorías colombianas están reencontrando sus valores y fortaleciendo su instinto de conservación. Los colombianos comienzan a saber cuán compleja puede ser la guerra subversiva contra la democracia, pues hasta hace poco creían ingenuamente que las FARC eran sólo una organización terrorista aislada en el monte. Las amenazas geopolíticas que Colombia enfrenta hoy están generando fenómenos de unidad nacional que antes no existían y que se irán fortaleciendo [2].

La liberación de dos importantes rehenes “políticos”, Clara Rojas y Consuelo González, es otro elemento que caracteriza la nueva situación. Ese hecho sobrevino sin que el Estado colombiano tuviera que hacer concesión alguna a las FARC. Sin la política de firmeza de Uribe esa liberación, sin “desmilitarización” y sin comisiones de aplauso, no habría sido posible. ¿Cómo no comparar este brillante episodio con las exorbitantes concesiones hechas, entre 1999 y 2002, por el presidente Andrés Pastrana a las FARC, las cuales no sirvieron para pactar un solo compromiso de paz? El episodio del 10 de enero de 2008 confirmó un hecho: cuando a las FARC se les cede terreno ellas redoblan la violencia. Cuando se las encara con energía ellas pierden terreno.

Chávez quería desempeñar el papel de mediador por un buen tiempo ante las FARC. La clique chavista empleó los servicios de una agente de influencia, Piedad Córdoba, para montar esa plataforma. El presidente colombiano dijo sí a la invitación y Hugo Chávez fue transformado en mediador. Lo que algunos vieron en ese momento como una “inconsistencia” de Uribe pronto se reveló como una muestra de audacia. Muy pronto el coronel Chávez empezó a mostrar sus límites y cuando Uribe le retiró la autorización para seguir en esa comedia, por sus abusos cometidos, nadie se desgarró las vestiduras, salvo el propio interesado.

Ese revés humillante, sumado a las mentiras de las FARC descubiertas durante la “operación Emmanuel”, obligaron a Chávez a redoblar esfuerzos para sacar de la selva a las dos rehenes. Pero ese acto loable de Chávez, que los colombianos saludaron, fue desfigurado enseguida por él mismo cuando abogó por las FARC y el Eln como organizaciones armadas no terroristas, lo que equivale a justificar lo inaceptable, la barbarie, y a inscribirse en la vía sin salida del fanatismo.

Al final, Chávez terminó convertido en un partidario extremo de las FARC. La farsa de su “neutralidad” cayó a tierra y ello dificultará su trabajo de expansión neo-imperialista en Latinoamérica y su trabajo de lobby ante las cancillerías europeas.  Chávez y las FARC son vistos ahora como elementos de un mismo problema, no de la solución. El pueblo venezolano que le rechazó a Chávez, el 2 de diciembre pasado, una reforma constitucional que lo perpetuaría en el poder, ve en lo de las FARC otra fuente de preocupación.

El mandatario venezolano había salido mal parado ante el gobierno francés, al no haber podido presentar las pruebas de vida de Ingrid Betancourt. Los documentos arrebatados a las FARC por los militares colombianos, mostraron al mundo la verdad espeluznante que la gente de Manuel Marulanda se esforzaba por ocultar: el infierno que viven sus víctimas, la soledad moral y las continuas vejaciones que sufren los rehenes y el fascismo ordinario de los guerrilleros [3]. Esos desgarradores textos y fotos habrían sido entregadas por Caracas a los familiares de los rehenes con cuentagotas y con órdenes, como la de no dejar filtrar nada a la prensa. Todo eso fracasó.

Esos resbalones de Chávez, que él camufla como triunfos, son el fruto de la táctica uribista. Ningún otro líder democrático latinoamericano ha querido enfrentarlo con la entereza de Uribe.

Cuando las FARC relanzaron su exigencia de crear, durante un mes, una zona “desmilitarizada” de 650 Km² en las localidades de Florida y Pradera (11.000 habitantes) no lejos de la ciudad de Cali (casi dos millones de habitantes), como condición previa para un eventual “canje” de 45 rehenes por 500 miembros de las FARC encarcelados, Uribe puso en la mesa una variante: una “zona de encuentro” en un lugar no muy poblado. Ese plan recibió el aval de la Iglesia católica, de la opinión y del presidente Nicolás Sarkozy. Como éste, además, se declaró dispuesto a recibir en Francia, como refugiados, a los terroristas excarcelados que hicieren parte de un arreglo, todo quedó listo para que la cuestión de los rehenes fuera resuelta. De hecho, Manuel Marulanda fue incapaz de decir no, como habían dicho hasta ese momento algunos de sus lugartenientes. Las FARC se habían quedado sin argumentos.

Fue en ese momento cuando surgió el anuncio, el 18 de diciembre, de la liberación unilateral de tres rehenes para “desagraviar” a Chávez. Ahora es evidente que esa operación fue montada como una cortina de humo para hacer olvidar la salida de la “zona de encuentro”. Pues tras la reaparición del niño Emmanuel y de su madre, todo el mundo parece haber olvidado que esa ventana hacia la liberación de los otros 774 rehenes existe.

El gran interrogante, que muchos colombianos se hacen en estos momentos, es: ¿cómo reaccionará el gobierno francés ante las exigencias de Chávez de retirar las FARC y el Eln de la lista europea de organizaciones terroristas? ¿Para liberar a Ingrid Betancourt el Eliseo jugará una aventura desesperada y sin principios ante la Unión Europea? ¿Le pedirá Francia al presidente Uribe reeditar la política suicida de la negociación-capitulación ante las FARC? ¿El episodio del Hércules francés enviado discretamente al Brasil en julio de 2003 se repetirá bajo otra forma?

O, por el contrario, ¿se descargará por fin el presidente Sarkozy del fardo que representan ciertos asesores que en sus bufetes acolchados no juran sino por las FARC por el hecho de que esa banda, como el presidente de Venezuela, son pilares del anti-americanismo más bastardo? Esos “expertos” no han siquiera comprendido que las FARC son sicópatas incapaces de ver la dimensión humana de los rehenes y secuestrados. Ellos están lejos de aceptar que cada vez que los apoyos de Betancourt atacan a Álvaro Uribe, las FARC se sienten más interesadas en mantenerla cautiva.

En todo caso, el llamado a las FARC del presidente Nicolás Sarkozy del 5 de diciembre de 2007 no  encajó con la visión tradicional. Había en ella como una ruptura con la doctrina Chirac-Villepin. El presidente Uribe ese día no fue tratado como culpable. El único culpable del cautiverio de Ingrid era Marulanda. Lo que es un progreso espectacular y un motivo de desconcierto para cierto microcosmo parisino. Había pues un tímido cambio. Ojalá que éste revele toda su potencialidad en los días que vienen. Pues si Sarkozy no tiene la voluntad de renovar la línea y desoír a ciertos consejeros, hombres del pasado, el papel de Francia en Colombia y en América Latina será errado y mediocre, desconectado de las ambiciones y de los sueños de la gente normal.


* Eduardo Mackenzie. Periodista, última obra publicada: Les FARC où l’échec d’un communisme de combat. Colombie 1925-2005.


Notas

[1] Saddam Hussein sostenía en 1983 milicias iraníes para hostigar el gobierno vecino. Irán sostiene movimientos terroristas chiitas en Palestina y en Líbano para hostigar a Israel.

[2] El 4 de febrero de 2008, cientos de manifestaciones se realizarán contra las FARC en ciudades de Colombia y en varias capitales de América y Europa, como Nueva York, París, Londres, Madrid, Barcelona, Buenos Aires, Miami, Sidney, Munich, Toronto, Filadelfia, Boston y Quito. Ver «Un millón de voces contra las FARC»

[3] El 18 de junio de 2007, un frente de las FARC asesinó a once de los doce diputados de la Asamblea del Valle que retenían como rehenes desde 2002. La carta de Ingrid Betancourt a su madre, del 24 de octubre de 2007, detalla la cantidad de pequeñas y grandes ofensas y maltratos que las FARC le reservan a sus prisioneros.  El 2 de febrero de 2007, por orden de un jefe del frente 48 de las FARC, seis secuestrados fueron asesinados a garrote y degollados. Un terrorista arrepentido ayudó a las autoridades a encontrar la fosa común en Puerto Asís (Putumayo) donde los cuerpos fueron encontrados.


Fuente

1. GEES

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