El ojo secreto de Israel


Por Henrique Cymerman*

La guerra de las galaxias y la carrera espacial han llegado ya a Oriente Medio”, subrayan los científicos israelíes que nos reciben en las instalaciones secretas de Yehud de Mabat, el centro responsable del programa espacial y de satélites de espionaje israelíes.

En 2006, Israel lanzó su tercer satélite espía desde Siberia.

El proyecto del Eros B, cuya principal misión es vigilar el programa nuclear de la amenaza número uno del Estado de Israel – Irán-, fue definido por el Ministerio de Defensa israelí como “muy urgente”. En un tiempo récord de 21 meses, cientos de ingenieros trabajaron 24 horas al día para concluir el encargo.

Acompañados por un responsable de seguridad que vigila todo lo que nos dicen, el director del proyecto, el doctor Yosef Weiss, nos lleva a la planta de montaje de los satélites; para entrar hay que ponerse una bata, cubrirse el pelo y los zapatos. “A 500-600 kilómetros de altitud en el espacio, el Eros B es capaz de ver con exactitud objetos de 70 centímetros en la tierra”, afirma. Según Weiss, el satélite tendrá aplicaciones civiles, pero tanto Defensa como todos los servicios secretos podrán usarlo.

Tras gestionar en la oficina del ministro de Defensa un permiso especial, tenemos luz verde para acudir a la sala de control del Eros B. En las pantallas vemos que cada 90 minutos completa una vuelta a la Tierra. Se trata de un microsatélite que pesa sólo 290 kilos. Gracias a su sistema de energía solar, se prevé que pueda funcionar entre ocho y diez años. Los ingenieros nos enseñan fotos de gran resolución de puertos, aeropuertos, presas y bases militares en distintos puntos del planeta… Siria, Sudán, Georgia, Egipto. Cuando les preguntamos por las fotos de más valor para los militares que acompañan a los ingenieros civiles, miran al responsable de seguridad y reaccionan con una sonrisa. Nos referimos evidentemente a las fotos de las instalaciones nucleares iraníes.

Shimon Eckhaus, director general de la compañía israelí Image Sat, que comercializa el satélite, afirma que el Eros A podía ver objetos de 1,9 metros. Ahora las cámaras del Eros B logran discernir objetos de 70 centímetros con gran resolución. El Eros B busca, por ejemplo, nuevas instalaciones para el enriquecimiento de uranio o posibles túneles subterráneos. El objetivo es fotografiar día a día y aportar a los servicios secretos información sobre cambios en el terreno. “Si alguien en Irán construye bajo tierra, no lo puedo ver. Pero para construir un búnker subterráneo tienen que trabajar tres años sobre la tierra y así vemos el proceso”, dice.

Los ingenieros nos enseñan fotos de un puerto civil de Oriente Medio – que no quieren identificar- en el que a un lado se ve también un puerto militar. “Vemos cuántas personas hay, los coches que pasan, los barcos con misiles e incluso hacia dónde apuntan los misiles”, afirma Eckhaus. “Mañana volvemos a fotografiar los barcos y si ya no están, podemos ver hacia dónde van”.

El doctor Weiss afirma que Irán lanzó hace poco al espacio un satélite espía y que Egipto lo está intentando. “Les adelantamos en varios años y haremos todo por mantener esta ventaja, ya que con el tiempo y el dinero ellos progresarán”, dice Weiss. “Satélites de espionaje como el Eros B sólo existen en Estados Unidos e Israel; Francia se prepara para lanzar dentro de un año uno similar”.

Eckhaus insiste en que el Eros B tendrá importantes aplicaciones civiles, como controlar incendios forestales o talas ilegales de árboles, ayudar a compañías petroleras o fotografiar campos de cultivo. Hasta el Eros B, Israel tenía cinco satélites: dos de comunicación, uno científico, y los satélites de espionaje Ofek 5 (que sobrevuela permanentemente los países árabes y reparte la información a los distintos servicios secretos) y Eros A, lanzado en el 2000.

Cuando estamos a punto de abandonar la fábrica de satélites, el director Weiss dice algo al responsable de seguridad, da media vuelta y nos lleva a otra sala. Allí se está construyendo el Tecsar, la próxima generación de satélites de espionaje. En lugar de cámaras de alta resolución dispondrá de un sofisticado radar. “Así, contrariamente a los satélites anteriores, el Tecsar podrá aportar información aunque sea de noche o haya tormentas”. Y, antes de que le consiga preguntar algo más, añade: “No me pregunte cuándo será lanzado, por ahora es secreto de Estado, pero créame que ya se enterará”.


* Henrique Cymerman, periodista español.


Nota

1. Artículo publicado originalmente por La Vanguardia

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