Besos y más besos


Por Eva Roy

El jueves, colaborando en el debate sobre “besos” dentro del programa de Antena 3, El Método Gonzo, recordé, encerrada en mi camerino y por exigencias del guión -joder, no me creo que sea yo la que pronuncie la famosa frase- no sólo mi primer beso, sino ¡quién me lo dio!

En esa charla hicimos recuento de los tipos de beso (de tornillo, fraterno, apasionado, francés…); se reflexionaba acerca de la importancia de besar bien o mal a la hora de que una relación se iniciara, mantuviera o terminara incluso…y enumeramos algunos de los grandes errores que se comenten a la hora de darlos.

Me acuerdo que, en riguroso directo, maticé que aunque haya una canción del antiguo régimen que afirma y asegura que la “española cuando besa, es que besa de verdad” (digo del antiguo régimen porque está comprobado que su letra ya no está vigente, será por la globalización que todo se diluye), yo no he besado a ninguna española, pero sí a un montón de españoles y de extranjeros y solté algo parecido a que hay personas que usan la lengua rígida e invasiva, como si fuera la espada de Dart Wader, o que se echan encima sin medir las ansias y se chocan o se enganchan las monturas de las gafas, las ortodoncias o los piercings…

Había una lista de preguntas tipo: ¿Has dejado a un hombre por besar mal? Si lo pienso -y lo pensé un buen rato-, creo que sí… Bueno, no. A un hombre, en el sentido de un “hombre importante” en mi vida, no. A un rollo del tipo: “última noche en este país, no le conozco, no voy a verle el careto jamás”, pues sí, que por buen alumno que sea, no hay tiempo que perder: la decepción y salir de ella consumen mucha energía. El tutorial sólo se imparte si es extremadamente guapo…

Por supuesto, este caso y asimilados en derechos, difiere del que se plantea si esa persona te gusta, te importa, o se trata de alguien que lo mismo te ha costado conseguirle un lustro y va y te ofrece una boca que apesta y es como chupar un cenicero o un baboso, que sientes que estás lamiendo un bidé… -esto, por supuesto, también lo comenté en directo-. Porque ésa es otra: ¿cuántos no van de sobrados pero, cuando por fin llega ese instante mágico, y resulta que recibes ese beso que llevas no sé cuánto esperando, van y te dan un beso miserable, blando, pringoso, maloliente, intrusivo, violento o insulso?

Pues, eso… Uno que te importa, con un beso malo te decepciona hasta casi entrar en bancarrota, como la crisis del 29. No es broma. Besar, besar bien, es fundamental (tanto es así que dedico un capítulo de Verdad y mentiras en el Sexo a este tema: trucos para dar un beso inolvidable y no por asqueroso precisamente). Por eso, a los que te importan, les enseñas.  ¿O qué te queda: aguantarte, no besarle, echarle paciencia a fondo perdido y ensanchar las tragaderas, etc. o escupir un “hasta luego”? Leed, documentaros, queridos, que con un buen beso podemos tocar el cielo.

Daos por besados y, por cierto: ¿cómo fue vuestro primer beso?

Fuente

Al Desnudo

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