El Nuevo Orden Lingüístico Internacional


Por Joshua A. Fishman*

Resumen

El fenómeno de la globalización que vivimos actualmente ha provocado cambios lingüísticos muy importantes a escala mundial. El inglés se ha convertido en la lengua internacional, del poder económico, político y científico, y se está convirtiendo en la lengua de las clases sociales altas y la juventud. Paralelamente, sin embargo, las lenguas regionales también están experimentado una gran difusión, gracias a las nuevas interacciones sociales y al apoyo económico de los gobiernos que las representan. A su vez, y como resultado de estas dos tendencias, surge el sentimiento de arraigo de las comunidades locales, que ven la lengua local como signo de autenticidad que hay que defender frente al fenómeno de la globalización y de la regionalización. Nos dirigimos, pues, hacia una sociedad multilingüe, en que cada lengua debe tener sus propias funciones sociales distintivas, aunque sea inevitable que se generen conflictos entre las lenguas en contacto. Ante esta situación, el autor anticipa una pérdida de la hegemonía del inglés a favor del aumento de les lenguas regionales y una futura extinción de las lenguas más minoritarias.

Introducción

Cuando leáis esta oración, seréis uno del 1.600 millones aproximados de personas — casi un tercio de la población mundial — que hoy utilizará el inglés de una u otra forma. A pesar de que el inglés es la lengua madre de sólo 380 millones de personas, es la lengua de la mayor parte de libros, artículos académicos, periódicos y revistas del mundo. La radio, la televisión y las películas de éxito americanas exportan la cultura popular en lengua inglesa por todo el mundo. Más del ochenta por ciento del contenido que circula por Internet es en inglés, a pesar de que un cuarenta y cuatro por ciento aproximado de los usuarios que se conectan hablan otra lengua en su casa. No es sorprendente que el suministro y la demanda global de formación en inglés se disparen. Tanto si consideramos el inglés una “lengua asesina”, o si entendemos su difusión como una globalización benigna o como un imperialismo lingüístico, es innegable su alcance expansivo, y por el momento, imparable. En la historia de la humanidad nunca tanta gente había hablado (y no digamos medio hablar) una lengua de forma tan amplia.

A un alcance sin precedentes le sigue un poder sin precedentes. A pesar de que un idioma no es sinónimo de ideología ni de intereses nacionales, el papel del inglés como medio para todo, desde la diplomacia de alto nivel, hasta el control del tráfico aéreo, confiere algunas ventajas a aquellas personas que lo hablan. Los países de habla inglesa constituyen aproximadamente el cuarenta por ciento del producto nacional bruto del mundo. Cada vez más empresas de todo el mundo consideran un prerrequisito tener conocimientos de inglés para ascender y conseguir un puesto de trabajo. El éxito de los políticos a escala mundial también depende cada vez más de tener facilidad con el inglés. Cuando el recién elegido canciller alemán Gerhard Schroeder y el presidente francés Jacques Chirac se reunieron en septiembre para discutir cooperaciones futuras, no hablaron ni en francés ni en alemán, sino en inglés. Y el inglés es el idioma oficial del Banco Central Europeo, a pesar de que el Reino Unido no se ha adherido a la Unión Monetaria Europea, de que el banco está situado en Frankfurt y sólo un diez por ciento del personal del banco es británico. El predominio del inglés en la Unión Europea se ha convertido en un tema tan delicado que en estos momentos sus dirigentes incentivan al personal para que aprenda otra de las lenguas oficiales.

Sin embargo, los lingüistas profesionales dudan al predecir un futuro del inglés aún más globalizado. Históricamente, las lenguas han subido y bajado con los poderes religiosos, culturales y económicos que las han apoyado. Más allá de los movimientos pendulares de la historia, existen otros motivos para creer que la lengua inglesa perderá finalmente influencia. De hecho, el inglés abarca una pequeña y atípica minoría afortunada. Además, los tipos de interacciones que se identifican con la globalización, que van desde el comercio a las comunicaciones, también han fomentado la regionalización y la difusión de lenguas regionales. El árabe, el chino, el hindi, el español, el portugués y un montón de otras lenguas regionales ya muestran un alcance significativo y aún nos queda por ver su crecimiento fundamental. Finalmente, la difusión del inglés y de estas lenguas regionales en conjunto, y no digamos las fuerzas arrolladoras que las dirigen, han creado un efecto de presión en las comunidades pequeñas, que crean bolsas de localización ansiosa y de restablecimiento de las lenguas locales, resistentes al cambio global.

Amad la lengua de vuestro vecino

El inglés llegó a Massachussets del mismo modo que a Bombay: en un barco inglés. A pesar de lo que se diga de Microsoft y Disney, el vasto alcance del inglés debe sus orígenes al éxito de la colonización que llevó a cabo Inglaterra. De las cien colonias que consiguieron la independencia entre 1940 y 1990, cincuenta y seis eran antiguas colonias británicas y una era una posesión norteamericana. Casi todas las colonias que consiguieron la independencia de Inglaterra conservaron el inglés como idioma oficial o al menos reconocieron su utilidad.

Hoy en día, la difusión continuada del inglés es una consecuencia y una contribución a la globalización. Algunos factores son obvios: el crecimiento del mercado internacional y de las empresas multinacionales; el alcance aún más amplio de los medios de comunicación norteamericanos; la red electrónica en expansión creada por Internet, y el impacto lingüístico de las canciones, ropa, comida, deportes y ocio norteamericanos. Hay otros factores menos visibles, pero igual de poderosos, tales como el crecimiento del estudio del inglés en el extranjero y el número creciente de estudiantes que va a estudiar a países de habla inglesa. En 1992, casi la mitad del más de un millón de población de estudiantes extranjeros mundial se matriculó en instituciones de seis países donde el inglés es lengua madre: Australia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, el Reino Unido y Estados Unidos.

Sin embargo, la globalización ha hecho muy poco para cambiar la realidad, según la cual, independientemente del lugar, la difusión del inglés está íntimamente relacionada con la clase social, la edad, el sexo y la profesión. Sólo porque un gran regimiento de jóvenes de todo el mundo sepa cantar una canción nueva de Madonna no significa que puedan mantener una conversación simple en inglés o que entiendan qué dice Madonna. La mayoría de estudiantes de inglés tienen un contacto breve y formal con la lengua, demasiado escaso para producir unos conocimientos, una fluidez o hasta una comprensión duradera. Es más, a pesar de todo el entusiasmo y recelo que ha generado la globalización a gran escala, es el crecimiento en las interacciones sociales —comercio, viajes, la proliferación de religiones, bodas interétnicas— lo que ha llegado a las capas más amplias de poblaciones locales. Estas interacciones promueven la difusión de lenguas regionales.

Veamos el ejemplo de África, donde se hablan dos mil de las aproximadamente seis mil lenguas modernas del mundo y donde vive un trece por ciento de la población mundial. El inglés no es ni el único medio, ni el mejor, para correr en esta carrera de obstáculos lingüísticos. En toda África oriental, el suajili es habitualmente el primer idioma que hablarán dos extraños al conocerse. El africano oriental medio tiene contacto con el suajili en una gran variedad de contextos: desde el mercado, la educación primaria y los manuales publicados por el gobierno, hasta la programación popular de radio y las películas. Las nuevas películas indias se doblan a menudo al suajili y se proyectan en ciudades y pueblos de Kenia, Tanzania y Uganda. En África occidental, veinticinco millones de personas hablan hausa como lengua nativa y tal vez el doble de gente lo habla como segunda o tercera lengua, debido en gran parte al creciente comercio regional de los mercados locales de toda la región. La mayoría de hablantes de hausa son musulmanes, por lo tanto también van a escuelas alcoránicas, donde aprenden árabe, la mayor lengua regional del Norte de África. De este modo, muchos africanos son trilingües por motivos funcionales: hablan las lenguas madre locales cuando hablan “entre ellos”, hausa para el comercio y la formación laica y árabe para la oración y el estudio del alcorán. Los hablantes de hausa creen firmemente que esta lengua tiene muchas perspectivas como lengua unificadora y con un alcance mayor del que ya tiene en África occidental. Su competidora más importante no será probablemente el inglés, sino otras lenguas regionales, como el wolof —que también se está expandiendo por los mercados en el Senegal y los alrededores— y el inglés pidgin.

El aumento de la comunicación regional, la interacción informal en el mercado y las migraciones hacen que las lenguas regionales se expandan por el mundo como lo hacen en África. El chino mandarín se expande por China y en algunos países vecinos del sur. El español se expande por las Américas. De forma informal, han surgido cientos de variedades de inglés pidgin en Australia, el Caribe, Papua Nueva Guinea y África occidental. El uso del francés aún aumenta en algunas antiguas colonias francesas, aunque mucho más lentamente que en el apogeo de la influencia colonial. El hindi llega a nuevos estudiantes en una India multiétnica y multilingüe. Y el árabe se expande en el Norte de África y el sudeste asiático como lengua del islam y como lengua de gran importancia en el comercio regional.

Algunas lenguas regionales se expanden en parte debido a los esfuerzos de organizaciones y comisiones gubernamentales. Francia gasta miles de millones de francos al año en la financiación de conferencias, escuelas y prensa en lengua francesa, que promueven el francés como medio de la cultura francesa habitual. Las organizaciones musulmanas en el Oriente Próximo divulgan conocimientos sobre el islam por todo el mundo mediante una selección amplia de folletos y otros documentos en inglés, pero cultivan los vínculos entre ellos en árabe. Además, en esta promoción del islam más allá de sus fronteras, muchos gobiernos intentan arabizar minorías étnicas locales, como por ejemplo los bereberes en Marruecos y los cristianos en Sudán. El gobierno alemán financia setenta y ocho Institutos Goethe, extendidos desde Beirut hasta Yakarta, que ofrecen regularmente cursos de lengua alemana, así como obras de teatro, exposiciones de arte, conferencias y festivales de cine en alemán. Singapur, un país diminuto con cuatro lenguas oficiales, cumple el decimonoveno año de su campaña nacional “Hable mandarín”. Singapur proyectó la campaña para que los hablantes de los dialectos del chino adoptaran una lengua común y para dar facilidades al mandarín como lengua regional.

La importancia de las lenguas regionales tal vez incremente en el futuro próximo. Los escritores populares, los comerciantes ambulantes, los mercaderes del bazar, los defensores de la alfabetización, los trabajadores sociales, los directores de cine y los misioneros, todos cuentan con las lenguas francas regionales cuando ven la oportunidad de llegar a poblaciones mayores, aunque sean menos prósperas. En muchas zonas en vías de desarrollo, las lenguas regionales facilitan la expansión comercial, industrial y agrícola más allá de las fronteras gubernamentales, locales y culturales. También fomentan la alfabetización, la formación de adultos y hasta la educación primaria en áreas de gran componente multilingüe. Cuando las lenguas vernáculas locales son demasiadas para manejarlas, las lenguas regionales pasan a primera línea.

El hogar está donde está la lengua

A pesar de las presiones y recompensas de la regionalización y la globalización, las identidades locales permanecen más arraigadas. Aunque el resultado de la globalización sea hacer un mundo más pequeño, su alcance parece fomentar la necesidad de unas conexiones locales más estrechas entre los individuos. Según declaraciones de Bernard Poignant, alcalde de la ciudad de Quimper en la Bretaña, al Washington Post: “El hombre es un animal frágil y necesita sus vínculos íntimos. Cuanto más amplio sea al mundo, más vínculos habrán hacia las raíces y la tierra”.

En la mayoría de comunidades, las lenguas locales como el bretón de Poignant tienen una marcada función simbólica como distintivo de “autenticidad”. Como suma total de una experiencia histórica compartida por la comunidad, la autenticidad dibuja una línea perceptible desde un pasado culturalmente idealizado hasta el presente, llevada a cabo por una lengua y unas tradiciones asociadas, a veces de forma dudosa, a los orígenes de la comunidad. La preocupación por la autenticidad es lo que lleva a la mayoría de hebreos laicos a apoyar el hebreo entre ellos, a la vez que también conocen el inglés y hasta el árabe. La misma obsesión con la autenticidad lleva a los judíos hasídicos o la diáspora a apoyar el yiddish a la vez que aprenden hebreo e inglés. En cada uno de los casos, la autenticidad es un núcleo central de creencias e interpretaciones culturales, que no sólo se resisten a la globalización, sino que de hecho se refuerzan por la “amenaza” que la globalización parece presentar a estos valores históricos. Los académicos pueden argumentar que las identidades culturales cambian con el tiempo como respuesta a sistemas de compensación específicos, pero los habitantes locales a menudo se resisten ante estas explicaciones y defienden la autenticidad y las lenguas locales madre de la amenaza perceptible de la globalización con un ardor casi religioso.

Como resultado, hasta hoy nunca había habido tantas lenguas estandarizadas en la historia: aproximadamente 1.200. Muchas lenguas menores, algunas con menos de un millón de hablantes, se han beneficiado de los movimientos de preservación voluntarios o financiados por el Estado. En un ámbito más informal, las comunidades de Alaska y del noroeste norteamericano han formado grupos de discusión en Internet, en un intento de transmitir las lenguas nativas americanas a las generaciones más jóvenes. En las comunidades españolas de Galicia, Cataluña y el País Vasco, estos movimientos están politizados de forma implacable y a menudo conllevan una resistencia acérrima al Gobierno español por sus derechos lingüísticos y políticos. Entre los proyectos hay desde una campaña para emitir la moneda española en las cuatro lenguas del estado hasta la creación de guarderías y escuelas primarias de inmersión lingüística. Los zapatistas en Méjico defienden el renacimiento de las lenguas mayas en una campaña igualmente política a favor de la economía local.

Además de invocar la importancia subjetiva de las raíces locales, los defensores de las lenguas locales defienden su uso continuado por razones pragmáticas. Las lenguas locales fomentan unos niveles más altos de rendimiento escolar, niveles más altos de participación en los gobiernos locales, una ciudadanía más informada y un mejor conocimiento de la propia cultura, historia y fe. Se ha descubierto que los niños navajos de Rough Rock, en Arizona, que se escolarizaron inicialmente en navajo, tenían una competencia lectora mayor en inglés que aquellos que sólo se escolarizaron en inglés. Los gobiernos y las organizaciones humanitarias también pueden utilizar las lenguas locales para difundir información sobre técnicas agrícolas e industriales, así como sobre asistencia sanitaria moderna para una audiencia más diversa. Los trabajadores para el desarrollo en África occidental han descubierto que la mejor manera de enseñar al gran número de campesinos con poca o ninguna educación cómo sembrar y alternar las cosechas para obtener un mayor rendimiento es en estas lenguas locales. Desde el asturiano hasta el zulú, la dependencia práctica en el mundo de las lenguas locales es hoy en día casi tan grande como la función de identidad que esas lenguas cumplen. Sin embargo, tanto la regionalización como la globalización piden cada vez más que los hablantes y los lectores de las lenguas locales sepan más de una lengua.

Visión de futuro – I

Desde el momento en que todas las comunidades lingüísticas mayores han optado por mantener su propio idioma ante la globalización, no debería sorprendernos que comunidades menores hayan aspirado al mismo objetivo. Si los alemanes persiguen la globalización, pero quieren seguir hablando alemán entre ellos, ¿por qué no deberían aspirar a lo mismo los telugus de la India?

El multilingüismo permite esta opción. Todas las lenguas, en una sociedad multilingüe, tienen funciones distintivas. La lengua que se usa habitualmente con la familia cercana y los amigos, la lengua que utilizan los compañeros de trabajo o los vecinos, y la lengua que se usa con los superiores o con el gobierno no ha de ser necesariamente la misma. La lectura de material técnico o económico especializado puede requerir unos conocimientos de una lengua distinta a la de la lectura de la crónica rosa local. Mientras dos o más lenguas no compitan por la misma función social, la división lingüística del trabajo puede ser amigable y duradera. Pocos hablantes de inglés en la India, por ejemplo, han abandonado la lengua madre local o la lengua regional. Del mismo modo, en Puerto Rico y Méjico, el inglés es habitualmente “una lengua ocasional”, hasta para aquellas personas que lo han aprendido para obtener compensaciones educativas o ocupacionales.

Sin duda, habrá conflictos, ganadores y perdedores. El conflicto lingüístico aparece cuando dos lenguas compiten por el uso exclusivo de una misma función de poder —por ejemplo, el gobierno o la educación. La mayor parte de veces, esta fricción tiene lugar cuando una lengua local o regional intenta usurpar funciones que estaban tradicionalmente asociadas a otra lengua local. En la era soviética, Moscú aplicó un sistema agresivo contra las lenguas locales, instaurando el ruso como la única lengua de la educación y del gobierno en los Países Bálticos y en Asia Central. En la década de los noventa, sin embargo, muchos de estos estados abandonaron lentamente el ruso en las escuelas, el gobierno y hasta en los teatros y editoriales, a favor de las lenguas nacionales. Estonia, Letonia y Lituana han aprobado leyes muy estrictas, en las que la educación, la ciencia y la cultura se encuentran en el ámbito exclusivo de las lenguas nacionales y, hasta hace bien poco, dejaban a las etnias rusas desamparadas.

Aunque los regímenes regionales y locales tienen más probabilidades de utilizar la lengua por motivos políticos, las lenguas globales (incluso el inglés, la lengua de la globalización), también pueden fomentar conflictos. La preocupación del francés por la difusión del inglés está bien documentada. El gobierno de París prohíbe el inglés en la publicidad y regula el número de películas en lengua inglesa que pueden estrenarse en el país. Una persona del gabinete de ministros, el ministro de cultura y comunicación, es el responsable de controlar el bienestar de la lengua nacional. La Academia Francesa, el árbitro nacional de Francia sobre la lengua y el estilo, aprueba neologismos oficiales para vulgarismos angloamericanos con el fin de salvaguardar el francés de la “corrupción”. Sin embargo, las escuelas francesas introducen el inglés cada vez más pronto.

Aquellos que hablan y controlan las lenguas de la globalización a menudo indican que las lenguas locales “advenedizas” suponen un riesgo para la paz y la prosperidad mundial. Durante gran parte de los anales de la historia, las lenguas fuertes han rechazado compartir el poder con lenguas más pequeñas y las han acusado de causar problemas —perturbar la paz, promover la violencia étnica y el separatismo. Sin embargo, la purga del gaélico de Irlanda en el siglo 19 no convenció a muchos irlandeses de sus vínculos con Inglaterra. Aquellos que temen su propia impotencia y la muerte de sus lenguas queridas llenas de autenticidad tienen motivos para creer que gran parte del problema proviene del lado opuesto del continuo de lengua y poder. Las comunidades pequeñas acusan a estos Gran Hermanos lingüísticos de imperialistas, lingüicidas, genocidas y de controlar la mente.

Visión de futuro – II

La globalización, la regionalización y la localización se suceden simultáneamente. Sin embargo, tienen una intensidad diferente en diferentes partes del mundo y en momentos distintos. Pueden estar implicadas en los cambios sociales, culturales y hasta políticos. A menudo, el inglés es la opción lingüística de los tamiles en la India, cuando quieren comunicarse con los hablantes hindi del norte. Irónicamente, muchos tamiles, —que mantienen unas frías relaciones con las autoridades centrales de Delhi— consideran el inglés una lengua menos colonial que el hindi. Sin embargo, en Indonesia, el inglés se asocia con lo militar, la negación de derechos civiles y la explotación de trabajadores, debido a que los Estados Unidos han apoyado durante mucho tiempo el régimen oligárquico de Yakarta. A pesar de que el inglés se difunde entre las clases altas de Indonesia, el gobierno hace hincapié en el uso de la lengua oficial de Indonesia, el bahasa de Indonesia, en todos los contactos con la población general, mientras que niega cualquier reconocimiento simbólico de las lenguas locales. Los dirigentes tradicionales y la población corriente de Java, herederos de una tradición literaria clásica en javanés, se resienten del favoritismo que se dispensa al inglés y al indonesio. A menudo, se llega a odiar la difusión de lenguas, porque pueden perjudicar a unos mientras aventajan a otros.

El mismo inglés se regionaliza en sus vertientes oral e informal, especialmente entre los jóvenes, ya que la mayoría de hablantes de hoy en día lo utilizan como segunda o tercera lengua. Cada vez más, los estudiantes de inglés reciben la formación de profesores que han tenido poco o ningún contacto con hablantes nativos, de lo que resulta un inglés oral con una fuerte idiosincrasia regional. A la vez, el inglés se globaliza en el ámbito de los negocios, gobierno, ocio y educación. Sin embargo, en los años venideros se espera un auge del hindi y del urdu, del chino mandarín, del español, del portugués y de las variedades vernáculas del árabe en estas áreas —como resultado de una explosión demográfica de las comunidades que hablan esas lenguas de forma nativa y las migraciones inevitables que siguen a tal crecimiento.

Las lenguas más minoritarias de la escena mundial quedarán oprimidas entre sus vecinos regionales inmediatos por un lado y el inglés por el otro. Las lenguas locales más puras (aquellas con menos de un millón de hablantes) se verán amenazadas con la extinción durante el próximo siglo. Como resultado, muchas comunidades minoritarias no sólo intentarán fomentar sus propias lenguas, sino también limitar las invasiones de las lenguas vecinas más poderosas. Hasta en un entorno democrático, la “democracia etnolingüística” es un tema poco tratado. El gobierno norteamericano estaba diseñado para proteger los derechos de los individuos. No es una casualidad que sus padres fundadores decidieran no declarar un idioma oficial. Sin embargo, dada la oposición estridente a la lengua española y a la educación bilingüe en muchas partes de los Estados Unidos, parece que no todo el mundo tiene el derecho a decidir qué lengua es fundamental.

¿Qué sucederá con el inglés? Puede ser que se acerque cada vez más a las clases sociales altas, mientras que aquellos con una condición social más modesta se inclinen por las lenguas regionales para unos beneficios más humildes. A largo plazo, sería beneficioso para el futuro del inglés que sus defensores buscaran menos supremacía local y regional y menos funciones exclusivas en las Naciones Unidas y en el mundo en general. Es más probable que la prepotencia sea temida y no popular. En el siglo 21, la mayoría de hablantes de inglés no nativos llegarán a amar la lengua menos de lo que la mayoría de hablantes de inglés nativos prevén. A los alemanes les alarma que sus científicos publiquen masivamente en inglés. Y Francia sigue poniendo resistencia al inglés en los medios de comunicación, la diplomacia y la tecnología. Hasta en los lugares donde el inglés se aprende de forma generalizada, más desagrada a la gente. El resentimiento del predomino del inglés, como la tendencia a expandirse por diversas clases sociales podría constituir, a largo plazo, un freno para su globalización futura.

No hay ningún motivo para creer que el inglés siempre será necesario, como lo es hoy, en la tecnología, la educación superior y la movilidad social, especialmente después de que sus rivales regionales experimenten rachas de crecimiento. La civilización no se hundirá bajo el mar cuando esto suceda, si sucede. El declive del francés de su áurea influencia no ha dañado irreparablemente el arte, la música o la diplomacia. El declive similar del alemán no ha dañado las ciencias exactas. El griego antiguo, el arameo, el latín y el sánscrito —en su tiempo, lenguas mundiales que representaban el poder político, la sofisticación, el comercio y la espiritualidad— son meras reliquias en el mundo moderno. El poder del inglés no sobrevivirá durante mucho tiempo la supremacía militar, comercial y técnica de la zona de influencia angloamericana, especialmente si surge un poder más fuerte como competidor. Pero sólo porque el uso del inglés en el mundo disminuya no significa que los valores asociados hoy con esta expansión también lo hagan. En última instancia, la democracia, el comercio internacional y el desarrollo económico pueden florecer en cualquier lengua.

* Joshua A. Fishman, professor emérito de investigación universitaria en Ciencias Sociales en la Universidad de Yeshiva, Nueva York.


Notas

1. Derechos reservados a Carnegie Endowment for International Peace

2. Versión original deste artículo es en inglés.

Fuente

1. Inglés – International Journal of the Sociology of Language

2. Español – Universitat Oberta de Catalunya

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